Los países de la UE que cuestionan la prohibición total de coches nuevos de combustión en 2035
Desde hace meses, el debate sobre el futuro del motor de combustión en Europa se ha intensificado. La decisión de la Unión Europea de prohibir la venta de coches nuevos de gasolina, diésel e híbridos a partir de 2035 ha generado tensiones entre los Estados miembros, la industria del automóvil y las instituciones comunitarias. Ahora, varios países han dado un paso adelante para intentar frenar o matizar esa prohibición total, abriendo de nuevo la discusión sobre la hoja de ruta hacia la descarbonización del transporte.
Qué dice realmente la normativa europea para 2035
La normativa aprobada por la UE establece que, desde 2035, los coches y furgonetas nuevos matriculados en el mercado europeo deberán tener cero emisiones de CO2 en el tubo de escape. Esto, en la práctica, implica el fin de los motores de combustión tradicionales, ya sean de gasolina, diésel o sistemas híbridos que combinen motor térmico y eléctrico.
La medida forma parte del paquete legislativo conocido como “Fit for 55”, cuyo objetivo es reducir las emisiones de gases de efecto invernadero en al menos un 55 % para 2030 respecto a los niveles de 1990 y alcanzar la neutralidad climática en 2050. Para el automóvil, esto supone una transformación sin precedentes en toda la cadena de valor: desde los fabricantes hasta proveedores, concesionarios y usuarios.
Sin embargo, desde el mismo momento de su aprobación, varios países, asociaciones del sector y expertos han alertado de que la transición puede resultar demasiado rápida, costosa y compleja, especialmente en los mercados donde la penetración del coche eléctrico es aún limitada y la infraestructura de recarga pública está poco desarrollada.

Los Estados miembros que piden revisar la prohibición
En los últimos meses, un grupo creciente de Estados miembros ha comenzado a cuestionar abiertamente la prohibición total de los motores de combustión a partir de 2035. Entre ellos figuran Italia, Polonia, República Checa, Hungría y Eslovaquia, a los que se han ido sumando otros países que reclaman mayor flexibilidad.
Estos gobiernos argumentan que la industria del motor sigue siendo un pilar clave para el empleo, la inversión y la competitividad en sus economías. Temen que una transición demasiado acelerada hacia el vehículo eléctrico pueda provocar el cierre de fábricas, la deslocalización de la producción y la pérdida de puestos de trabajo altamente cualificados.
Además, subrayan que la capacidad adquisitiva de muchos consumidores europeos no está alineada todavía con los actuales precios de los vehículos eléctricos, a pesar de las ayudas públicas. Esto podría retrasar la renovación del parque móvil, que seguiría dependiendo de coches más antiguos y contaminantes, dificultando así los objetivos medioambientales.

La alternativa de los combustibles sintéticos y los biocombustibles
Uno de los puntos clave del debate gira en torno a los combustibles sintéticos (e-fuels) y los biocombustibles avanzados. Algunos países, con Alemania a la cabeza en fases anteriores de la negociación, han defendido que los motores de combustión que funcionen exclusivamente con combustibles climáticamente neutros deberían poder seguir comercializándose después de 2035.
Los partidarios de esta vía consideran que, si se garantiza que el combustible utilizado tiene emisiones netas neutras a lo largo de su ciclo de vida, el motor de combustión todavía puede jugar un papel en la transición, especialmente en segmentos como deportivos, vehículos de nicho, o para determinados usos profesionales. Además, recuerdan que existe ya un enorme parque circulante que seguirá utilizando combustibles líquidos durante décadas.
Por el momento, la Comisión Europea ha dejado abierta una puerta limitada a estos combustibles para determinados vehículos tras 2035, pero sin modificar el objetivo general de cero emisiones para los turismos y furgonetas nuevos. Es precisamente esta rigidez la que algunos países quieren revisar, flexibilizar o reinterpretar.
Presión de la industria del automóvil y del sector energético
Los fabricantes de automóviles europeos se encuentran en una situación delicada. Por un lado, han invertido miles de millones en electrificación y en el desarrollo de nuevas plataformas para vehículos 100 % eléctricos. Por otro, ven cómo la demanda no crece al ritmo esperado, especialmente en algunos mercados, y cómo aumenta la competencia internacional, sobre todo de marcas asiáticas, que ofrecen modelos eléctricos más económicos.
Buena parte de la industria reclama ahora mayor seguridad regulatoria y un marco estable que no cambie cada pocos años. Aunque muchos grupos ya han anunciado calendarios internos de electrificación muy ambiciosos, piden que la normativa europea tenga en cuenta la realidad del mercado, la infraestructura disponible y el poder adquisitivo de los clientes.
A esta posición se suman también empresas del sector energético y de combustibles, que consideran que los e-fuels y biocombustibles avanzados pueden contribuir de forma significativa a la reducción de emisiones sin necesidad de renovar todo el parque móvil de golpe. Para ellas, la prohibición absoluta de los motores de combustión nuevos supone dejar de lado una parte de la solución tecnológica disponible.
La respuesta de las instituciones europeas
Desde Bruselas, tanto la Comisión como el Parlamento Europeo han insistido hasta ahora en que los objetivos climáticos no son negociables y que el transporte por carretera debe alinearse con la estrategia de descarbonización general. Las instituciones recuerdan que el sector del transporte es responsable de cerca de una cuarta parte de las emisiones de CO2 en la UE y que los turismos suponen una parte esencial de ese porcentaje.
No obstante, la Unión Europea ha introducido algunos mecanismos de revisión y seguimiento de la normativa. Está previsto que, a mediados de esta década, se evalúe la evolución del mercado, la tecnología disponible y el desarrollo de la infraestructura de recarga y repostaje, para determinar si son necesarios ajustes.
Es en ese contexto donde varios Estados están intensificando sus esfuerzos para reabrir el debate y modular el calendario, ya sea con excepciones, con un mayor reconocimiento de los combustibles neutros en carbono o con una revisión del horizonte temporal de 2035.
Qué implica todo esto para ti como comprador de coche nuevo
Si estás pensando en comprar coche en los próximos años, este debate te afecta directamente. La normativa vigente sigue marcando 2035 como la fecha en la que dejarán de venderse coches nuevos de combustión fósil en la Unión Europea. Sin embargo, el movimiento de varios países para frenar o matizar esa prohibición introduce un elemento de incertidumbre que la propia industria está observando con atención.
En los próximos meses y años verás cómo la oferta de coches eléctricos e híbridos enchufables continúa creciendo, mientras los motores de combustión irán quedando progresivamente arrinconados en los catálogos. Al mismo tiempo, pueden surgir nuevas oportunidades en el ámbito de los combustibles alternativos y las nuevas tecnologías, que algunos Estados quieren mantener vivos más allá de 2035.
Lo que está claro es que el debate en la UE aún no está cerrado. Varios países han decidido alzar la voz para intentar frenar o reorientar la prohibición total de coches de gasolina, diésel e híbridos, y ese pulso político y regulatorio marcará el rumbo del mercado automovilístico europeo en la próxima década.
